El falso brahman
El falso brahman —¿Habrá sido robada, señor Yáñez? —preguntó Kammamuri, mientras se derrumbaba con inmenso estruendo un soberbio salón, levantando nubes de chispas.
—No; yo creo que ha obedecido a alguna orden del hombre que la tenÃa hipnotizada.
—Nosotros sabremos encontrar sus huellas, señor Yáñez.
—Ya lo sé, y por eso no desmayo —respondió el portugués—. Es inútil ya que permanezcamos aquÃ. Dejemos que el fuego devore todo lo que quiera, y vámonos al palacete de Rampur, donde ya se ha refugiado el ama con el niño, defendidos por una buena escolta para impedir cualquier sorpresa desagradable. Parece, amigos, que navegamos entre mil escollos traidores.
—Lo sabemos mejor que tú —dijo Tremal-Naik—. Hemos capturado al jefe de los parias que habitaban las cloacas, y este ha empezado ya a hacer revelaciones.
—¿Y el brahman? ¿Ha muerto abrasado?
—¡Oh, no, señor Yáñez! —dijo Kammamuri—. Hemos conseguido salvarlo. Sólo han muerto los filósofos.
—¿TodavÃa vive? ¿Dónde está ese canalla? Necesito matarlo.