El falso brahman
El falso brahman Saltaron a tierra, y entraron en el bungalow precedidos de Kammamuri, penetrando en un saloncito al nivel del suelo, con el pavimento de piedra, y amueblado según el gusto inglés, con una gran mesa de caoba, un piano, muebles ligeros conteniendo vasos y licores, y sillones enormes de alto respaldo, de más de dos metros de ancho y construidos con madera de rotang.
Sobre dos de aquellos sillones se hallaban tendidos y bien atados el viejo paria, preso en la laguna de los cocodrilos, y el famoso brahman, ya medio muerto, pues parecÃa estar agonizando.
—¿Es este hombre el que ha hablado? —preguntó el portugués señalando al viejo.
—SÃ, amigo —respondió Tremal-Naik—. Por él sabremos mucho más que por ese perro, que se obstina en venderse por brahman.
—Pero nuestro primer prisionero está casi moribundo. Hazle beber algo, Kammamuri.
—No será cerveza, señor. Se alegrarÃa mucho el pobrecillo, pero no yo, que he velado tanto tiempo por él.
Aproximóse a un elegante mueble de diversos compartimientos, llenos todos de botellas polvorientas y de vasos, y se puso a leer los rótulos.