El falso brahman
El falso brahman —¡Agua…, agua…, cerveza! —rugió el miserable, abriendo la boca.
—¡Toma, bébete esto!
El brahman, devorado por la sed, apuró de un trago el contenido del vaso, tomándolo por otra cosa.
De pronto, y a pesar de que las cuerdas le tenÃan bien sujeto a los brazos del sillón, dio un salto, acompañado de un gesto espantoso.
—¡Me abraso! —exclamó con voz ahogada—. ¡Agua!
—SÃ, en seguida, un cubo entero, con tal que te decidas por fin a hablar.
—Nada sé… Nada…
—Entonces toma otro vaso de este licor delicioso —dijo el implacable maharato, tratando de acercárselo a los labios.
El prisionero lanzó un aullido espantoso, un verdadero aullido de fiera, y se echó violentamente hacia atrás, forzando las cuerdas hasta hacerlas penetrar en sus muñecas.
—¡No…, no! —rugió el desgraciado.
—Ahora, miserable, me dirás dónde se halla la rhani —gritó Yáñez, acercándose amenazador—. Sin duda ha obedecido a alguna orden tuya, pues debe de estar aún sujeta a tu influencia.
—La rhani…, la rhani… ¿Quién es?… ¿Dónde está?…