El falso brahman
El falso brahman —¡Por Júpiter! —exclamó Yáñez, matando de un pistoletazo a un viejo toro que habÃa encajado sus cuernos en las maderas tan profundamente que no podÃa desasirse—. ¿Se ha vuelto loco ese animal? ¿O es que le pesa tener sus tripas dentro del vientre? ¿Qué hace el cornac? ¡Por júpiter!… No sé qué vamos a hacer, si también el elefante se deja despanzurrar. ¿Quién arrastrará este castillo hasta nuestra capital?
Asà hablaba, pero disparando a un tiempo, ya con las gruesas carabinas de caza, ya con las pistolas, y maldiciendo terriblemente a aquellas testarudas bestias del bosque.
—No, señor Yáñez —dijo Kammamuri, levantando la carabina humeante con que acababa de derribar un búfalo—. Por segunda vez acude Sahur en vuestro auxilio. ¡Oh! ¡Qué inteligencia tienen nuestros elefantes! Mirad; el cornac lo guÃa como si fuese un corderillo.
En aquel momento salÃa Sahur de la espesura, pero no parecÃa ciertamente un corderillo. También él se lanzaba a la lucha con la trompa enhiesta, amenazadores los colmillos, haciendo resonar un verdadero clarÃn de guerra.
El cornac lo excitaba siempre diciéndole:
—¡Adelante, hijo de Visnú! ¡Animo, terror de los bosques! ¡Mata, destruye y extermina para salvar a tus dueños!