El falso brahman
El falso brahman —Y bien, Timul —preguntó el maharato, viéndole detenerse por décima vez—. ¿Has perdido la pista?
—No, sahib —respondió el joven—. Llevo conmigo el zapato de la rhani.
—¿Y la sigues olfateando?
—SÃ, sahib.
—Eres un perro humano completamente extraordinario. Es preciso admirarte.
HabÃan ya recorrido casi un kilómetro, siempre a lo largo del hediondo rÃo, cuando se hallaron ante la escala que el cazador de ratas habÃa echado sobre ambas orillas después de saltar sobre las alfombras.
Timul se detuvo de nuevo haciendo grandes gestos.
—¿Qué hay, pues, de nuevo? —preguntó Kammamuri, amartillando por precaución sus pistolas de dos cañones larguÃsimos—. ¿Has perdido acaso el rastro?
—Aquà hay un paso de la escala roto —respondió Timul, que parecÃa muy preocupado.
—¿En la escala?
—SÃ, sahib.
Iba Kammamuri a responder, cuando resonó el estallido de un trueno, que retumbó siniestramente bajo las numerosas galerÃas.
—Va a estallar una tormenta —dijo el cazador de ratas—. Hay que tener prudencia. Apresurémonos, pues, si la rhani se encuentra aquÃ, correrá peligro de morir ahogada.