El falso brahman
El falso brahman —Pero ¿dónde está? ¿Dónde? —gritó Kammamuri, haciendo un gesto de desesperación—. ¡Oh, pobre marajá, qué noche tan triste! ¡Cuánta razón tenÃa al suspirar por su Mompracem!
—Pasemos, no perdamos tiempo —dijo el baniano, a punto que estallaba un segundo trueno, seguido de extraños rumores, producidos quizá por el viento al desencadenarse sobre la ciudad.
Timul se puso sobre la escala y la sacudió vigorosamente para ver si cedÃa. Después, tranquilamente, avanzó hasta el sitio donde el bambú habÃa sido roto o cortado.
Los tres hombres pusiéronse a observarle, poseÃdos de creciente ansiedad.
—Ha sido cortado —dijo por fin el rastreador.
—¿Y por quién? —preguntó Kammamuri, que sintió correr por su frente gruesas gotas de frÃo sudor—. ¿Habrá vuelto aquà después de nuestra retirada alguno de aquellos miserables?
—Tal vez se quedase aquÃ.
—¿Para qué?
—Para tomar quizá provisiones abandonadas por los otros.
—¿Sabes que comienzo a tener miedo?