El falso brahman
El falso brahman —Tampoco yo estoy tranquilo, sobre todo porque esta tormenta va a hacer muy difÃcil nuestra exploración. Cuando caen aguaceros, el rÃo crece, y todos los pequeños conductos, aun los que se encuentran sobre la alcantarilla principal, vomitan agua con furia increÃble. ¡Pobre del que no conozca los escondrijos!
—Pero tú lo conoces:
—SÃ, sahib.
—¿Estaremos allà seguros?
—Lo espero.
—Eso es una promesa muy vaga, amigo.
—Yo me he refugiado muchas veces y ya ves que estoy aún vivo, aunque viejo.
Atravesaron la escala y Timul se echó de nuevo a tierra después de oler otra vez la babucha de la rhani.
—Sà —dijo al poco tiempo con resolución—. La princesa ha pasado por aquÃ.
—¿Adónde se dirigÃa?
—Pregúntaselo a aquel perro de brahman, paria o lo que quiera que sea —respondió el maharato con voz airada.
—¡Hacerla venir aquÃ! ¿QuerrÃa que se perdiese entre estos canales, para morir de hambre y de sed?
—De seguro. Como él sufrÃa hambre y sed, trató de vengarse en la princesa el malvado. ¡Oh, aún no está muerto y yo le prometo que deplorará amargamente sus maldades y el poder de sus ojos fosforescentes!