El falso brahman
El falso brahman Y el elefante respondÃa con otros ataques a los ataques de los búfalos, lanzándolos siempre por los aires, para patearlos después rabiosamente bajo sus grandes patas, haciendo crujir los huesos.
—¡Rayos de Júpiter! —exclamó Yáñez, que apenas habÃa tenido que disparar ahora dos tiros de pistola—. ¡Este elefante es realmente maravilloso! ¡Bien por Sahur!
El elefante, como si hubiese conocido la voz de su señor, se arrojó en medio de los búfalos agrupados inútilmente alrededor del carro, y esgrimió su trompa con vigor extremado.
RompÃa costillas, despanzurraba gibas, aplastaba cabezas, sirviéndose también, de cuando en cuando, de sus larguÃsimos y bien afilados colmillos para clavar contra el suelo a algún adversario que amenazaba hundirle los cuernos en el vientre.
—¡Animo, Sahur! —gritaba el cornac, sosteniéndose detrás de las enormes orejas del coloso—. ¡Mata, destruye como Brahma, Sivah y Visnú! Pero guárdate de los cuernos, corderito mÃo.