El falso brahman
El falso brahman Todos corrÃan como nilgó[43] o antÃlopes indostánicos, dando tremendos saltos cuando algún torrente venÃa sobre ellos.
La inmensa ciudad subterránea era un espantoso hervidero. Las aguas, bajando de los conductos y rotondas, buscaban salida en el canal del centro.
—No nos perdamos unos a otros de vista o estamos perdidos —gritó el baniano levantando la linterna cuanto podÃa—. La rhani no puede hallarse más que en la rotonda. Ahora estoy seguro.
Y corrÃan, corrÃan, con el agua unas veces hasta las rodillas, otras hasta la cintura, procurando no dejarse arrastrar hacia la corriente fangosa, de la cual no hubieran ciertamente salido con vida.