El falso brahman
El falso brahman —¡La última! —gritó de allà a poco, con voz altÃsima, el cazador de ratas, recogiéndose sobre sà mismo como un tigre para saltar sobre un furioso torrente, que salÃa rugiendo siniestramente por una gran abertura.
—¿La última qué? —preguntó Kammamuri, preparándose también al gran salto.
—Ya no hay más corrientes de agua a nuestro paso, sahib.
—Pues el canal está anegado, y esta agua parece venir de un lugar mucho más alto. ¿Estará inundado el refugio de los parias?
El cazador de ratas, en vez de responder, saltó por encima del torrente con la misma agilidad que si tuviese veinte años, y cayó sano y salvo a la otra parte.
Kammamuri y el rastreador, mucho más jóvenes, le siguieron al punto, pero se hallaron con el agua hasta las rodillas, y aquella agua salÃa del último escondrijo de los parias y del famoso brahman.
—Tú me has dicho que en la rotonda desemboca un conducto, ¿verdad? —preguntó Kammamuri, cuyo corazón latÃa fuertemente.
—Sà —dijo el cazador de ratas.
—¿Pero esta agua no viene del refugio? Mira cómo baja.
—No te asustes, sahib. La rotonda está en cuesta y se bajará en seguida.