El falso brahman
El falso brahman —¿De dónde ha salido ese animal?
—¡Oh, yo he cazado muchos! —dijo el cazador de ratas.
Todos se habÃan precipitado hacia delante, sin cuidarse de las aguas que les rodeaban y que producÃan dentro de la rotonda un ruido ensordecedor; y habÃan descubierto a la princesa, encaramada sobre una tortuga tan grande como un barquichuelo y que pesaba varios quintales[44].
—¡Señora, señora! —gritó Kammamuri, sosteniéndola con los brazos para que no se mojase—. ¿Cómo habéis venido aqu�
La princesa le dirigió una mirada todavÃa incierta, y pareció hacer un esfuerzo supremo para recoger sus ideas.
—Aquel hombre —dijo, por fin— lo ha querido.
—¿El miserable magnetizador?
—SÃ, el mismo.
—¿Y ha sido también él quien os ha mandado prender fuego al palacio real?
—SÃ, él; siempre él —respondió Surama, con voz débil—. ¡Oh, tengo miedo de ese hombre!
—¿Y no pensasteis, alteza, que podÃais abrasar a vuestro hijo, y aun al señor Yáñez, vuestro esposo?
—No sé…, no sé… Yo debÃa obedecer y obedecÃ.