El falso brahman
El falso brahman —Es extraño, sahib —dijo el baniano—. Suelen durar poco, pero este no parece acabar.
—Subid sobre la tortuga, y colocad mejor a la princesa. Este buen animal no ha de moverse.
Kammamuri subió sobre el dorso del enorme reptil, y apoyó sobre sus rodillas a la rhani, que continuaba aletargada.
Por el pequeño conducto que apenas tenÃa medio metro en cuadro, seguÃan saliendo las aguas amarillentas y comenzaban a no encontrar paso a la salida, por chocar quizá con otros torrentes que se dirigÃan al conducto central.
El baniano, conocedor de las cloacas, comenzaba a alarmarse al ver que las aguas de la rotonda subÃan poco a poco, y el ciclón no cesaba. Truenos espantosos resonaban dentro de los canales, sacudiendo las viejas bóvedas, que venÃan resistiendo desde hacÃa dos o tres siglos.
A lo largo del canal debÃan de haber ocurrido enormes derrumbamientos.
Transcurrió una media hora, durante la cual no cesó de retumbar el trueno. Después el nivel de las aguas, tan alto ya que amenazaba ahogar al enorme reptil, descendió bruscamente.
—¿Qué ha sucedido? —preguntó el maharato, que advirtió en seguida el descenso de las aguas.