El falso brahman
El falso brahman —Yo creo que el agua que sale de esta rotonda no encuentra ya el torrente que quizá le cortaba el paso —respondió el baniano—. Comienzo a esperar que saldremos pronto de aquà sahib. Ved, también los truenos han cesado.
—Debe de haberse terminado el ciclón —dijo Timul, que cuidaba de que las salpicaduras del agua no apagasen las linternas.
—¿Irá crecido el rÃo de inmundicias? —preguntó Kammamuri.
—Sin duda alguna —respondió el cazador de ratas descabezando a un par de roedores que habÃa intentado saltar sobre el dorso de la tortuga.
—¿Podremos atravesarlo?
—¿No está allà la escala?
—Puede haber sido arrastrada. Debemos pensar en todo.
—No lo creo; las orillas del canal son bastante altas, sahib.
—El agua sigue bajando más y más —gritó entonces Timul.
—Ya casi no sale del conducto.
También la tortuga se habÃa apresurado a huir del peligro de ahogarse, pues afirmando sus robustas patas, procuró dirigirse hacia la salida; pero tuvo muy pronto que ceder. La carga que sostenÃa era demasiado enorme.