El falso brahman
El falso brahman Los canales de desagüe continuaban arrojando torrentes de agua fangosa, pero no con el Ãmpetu furioso que al principio, de manera que podÃan salvarlos fácilmente los fugitivos, los cuales se mantenÃan siempre alejados del rÃo central, y uno detrás de otro.
Como de costumbre, el cazador de ratas iba a la cabeza, y antes de avanzar escuchaba el ruido de las aguas, temiendo alguna nueva y más violenta inundación.
Kammamuri venÃa después con la rhani, que aún no se habÃa despertado.
El último era el rastreador, que ya no tenÃa nada que rastrear.
Caminaron, descansando a veces, durante una media hora, y llegaron por fin al sitio donde se hallaba la escala.
Las aguas del canal no habÃan llegado a subir hasta el punto de poderla arrastrar.
—Hemos sido afortunados —dijo el cazador de ratas—. Si nos llega a faltar esta pasarela, estarÃamos perdidos.
—Hará falta mucho valor para atravesar esa hedionda corriente que exhala olores tan sofocantes —dijo Kammamuri—. Da miedo ver estas aguas alborotadas.
—¿Quieres darme por un momento a la rhani? Yo estoy más avezado que tú a estas travesÃas.
—No; yo sólo la llevaré y se la entregaré al marajá.