El falso brahman
El falso brahman —¡Oh, qué horrible sueño! ¿Verdad que he soñado, dueño mÃo?
Kammamuri hizo al portugués un signo negativo. No habÃa soñado, por desgracia, la pobre soberana del Assam.
—¡Oh, qué horrible sueño! —repitió Surama, estremeciéndose toda, y estrechando el cuello del portugués—. ¡Cuánta agua he visto correr! Y después pasé por una escala, y encontré un enorme reptil, una tortuga.
—¿Has soñado? —dijo Yáñez.
—Creo que sÃ, señor. ¿Cómo podrÃa, si no, encontrarme aquÃ?
—¿Y no has visto en sueños también a Kammamuri? —preguntó Tremal-Naik.
—No…, no…, no lo he visto, pero me parecÃa oÃrle de lejos amenazar al reptil para que no me hiciese daño.
—¿Estás cansada, verdad, mi pobre Surama? —preguntó Yáñez.
—SÃ, esposo mÃo, y quisiera descansar un rato junto a mi hijo.
—El ama del niño te cambiará la ropa, pues estás toda mojada, y te dormirá cantándote alguna de tus canciones favoritas. Vamos, princesita mÃa, nosotros tenemos aún que hacer aquÃ.