El falso brahman
El falso brahman Llevándola siempre muy abrazada, salió por otra puerta que conducÃa a las habitaciones reales, mientras Kammamuri informaba rápidamente a su patrón de cuanto habÃa acontecido.
Un minuto después volvÃa el marajá. Su semblante estaba alterado por concentrada cólera, y sus ojos, ordinariamente serenos, despedÃan relámpagos.
—¿No ha soñado, verdad, Kammamuri? —preguntó.
—No, señor Yáñez. La hemos encontrado en la rotonda que ocupaban los parias, asida a una gigantesca tortuga.
—¿Entonces ese perro de brahman sigue imponiéndole su voluntad?
—Sin duda alguna.
—¿Qué hacer? —preguntó Yáñez, mirando a Tremal-Naik, que parecÃa muy preocupado.
—Yo, en tu caso, dejarÃa completamente ciego al miserable —respondió el indostano—. Sácale los ojos, y el fluido misterioso cesará de obrar.
—Pero yo no quiero que muera ese hombre —dijo Kammamuri.
—Se puede vivir sin ojos —respondió frÃamente Tremal-Naik—. Además, el viejo paria nos ha revelado bastante, aunque aún nos falta saber el nombre del desconocido que se dispone a levantar aquà una insurrección.