El falso brahman
El falso brahman —Ni la princesa ni yo hemos decidido aún tu suerte —dijo Yáñez, con voz grave, volviendo a poner el arma en su ancha faja de seda—. Tú quizá puedas vivir, aunque sólo te quede un ojo, y hasta llegar a ser rico, porque yo sabré pagarte mejor que el rajá, te lo aseguro. Las cajas del Estado están harto colmadas de rupias y de mohrs[45].
—No cumplirás tus promesas, alteza… Además, la vida no me importa.
—Confiesa que eres un paria y no un brahman.
—SÃ, soy un paria, pero hijo de un famoso capitán.
—Que debió de ser tan bribón como tú, si no más —dijo Tremal-Naik, que habÃa sujetado al viejo para impedirle hablar, disculpándose de aquella traición que no habÃa cometido.
—Era un gran capitán.
—¡De ladrones! —gritó el viejo, que no pudo guardar por más tiempo silencio.
—Los ladrones constituyen también una casta en la India —dijo Yáñez—, y por eso no se los considera como famosos bribones. Por lo demás, esto no nos interesa. Ahora sabemos ya lo suficiente, y, por el momento, sólo nos falta hacer una visita a la pagoda en Kalikó con un buen golpe de rajaputos.
—¿Kalikó? —preguntó Kammamuri.