El falso brahman
El falso brahman —Durante tu ausencia el viejo nos ha revelado datos preciosos, y sabemos dónde podremos sorprender a los capitanes de Shindia.
—¿Ha venido, pues, el rajá?
—Esto lo debes comprobar tú. Antes de que el sol se ponga, partirás, y te dirigirás a aquella ciudad. Necesito también que vayas allà para que le pongas a Sandokán un telegrama cifrado, diciéndole que venga aquà lo más pronto posible con algunos centenares de malayos. Sólo cuando vea a ese hombre me consideraré algo seguro.
—Sin embargo, todo el paÃs parece tranquilo, señor Yáñez.
—SÃ, muy tranquilo. Hace dos horas hemos recibido un telegrama de Silkar, avisándonos que los habitantes se habÃan insurreccionado ayer de repente, con el pretexto de no pagar los impuestos, y habÃan abatido las banderas de la rhani, aunque sin atreverse hasta ahora a enarbolar las de Shindia.
—¿Y la guarnición?
—Pasada toda a cuchillo. Allà abajo no nos queda ya ni un soldado para hacer respetar nuestro Gobierno.
Yáñez sacó un cigarrillo, lo encendió con su flema acostumbrada y, aspirando rápidamente un par de bocanadas de humo, dijo: