El falso brahman
El falso brahman —Shindia quiere medir sus fuerzas conmigo y encender nuevamente la guerra entre estas gentes que yo he tratado, por todos los medios posibles, de civilizar. ¡Bien está! Veremos si me quedo aquà victorioso, junto a mi hijo, o me obligan a volverme a Malasia. En verdad, allà estaba mucho más contento que aquÃ.
Pasóse una mano por la frente y pareció reflexionar.
—No queda otra cosa que hacer —dijo, después—. Tenemos veinte elefantes y muchos guerreros dispuestos a dejarse matar por nosotros, y, además, vendrán también los montañeses de Sadhia, que con tanto valor me ayudaron a ganar para la rhani la corona que le pertenecÃa.
Kammamuri le señaló al prisionero, con un gesto amenazador.
—No —dijo Yáñez—, el ojo que le queda puede sernos útil. Creo que este hombre se decidirá, mediante una buena paga, a ponerse a nuestro servicio. Deja, pues, quieto tu tarwar, tigrecillo. ¿Están contigo el cazador de ratas y Timul?
—SÃ, señor Yáñez. Creo que se hallan en compañÃa del rajaputo que nos mandaste.