El falso brahman
El falso brahman Además, se puede vivir perfectamente con sólo huevos, leche de cocos y algún plátano que iremos nosotros mismos a coger al jardÃn.
—Haces bien, Yáñez —dijo Tremal-Naik.
—¿Conque Shindia se ha escapado? —preguntó Surama, palideciendo.
—Asà parece; pero mandaremos a Kammamuri a Calcuta a informarse mejor. Ese bribón, a quien tú pasabas cincuenta mil rupias al mes para que no nos molestase más y siguiese emborrachándose, amenaza nada menos que declaramos la guerra.
—¿No tienes confianza en nuestro pueblo?
—Ninguna, Surama. Tu pueblo necesita un tirano que fusile a sus vasallos para probar sus armas, como hacÃa Shindia desde las ventanas de palacio, y no dos buenas personas, como tú y yo.
—Me aterráis, señor.
—Tú eres la verdadera soberana, pues yo no soy más que un prÃncipe consorte, y debemos enterarte bien de todo.
—¿También vos creéis, Tremal-Naik, que va a estallar una insurrección a favor de Shindia? —preguntó Surama.
—Tenemos ya las pruebas —respondió el famoso cazador de la Selva Negra.
—¿Y tendremos acaso…?