El falso brahman
El falso brahman —¿Queréis que probemos? —dijo Tremal-Naik—. Kammamuri, saca fuera a uno de los perros y echaremos al otro ese pudding.
—Lo he preparado yo, sahib —dijo el segundo cocinero, con voz trémula—. ¿Por qué dudáis?
—Sentaos allá y probaremos. Que nadie salga —gritó en seguida, al ver que uno de los cuatro criados, un muchachuelo de apenas doce años, de aire astuto y de ojos inteligentes, trataba de ganar disimuladamente la puerta.
—¿Qué te pasa, Tremal-Naik? —preguntó Yáñez—. No parece sino que quieres dar muerte a alguien, según estás de agitado.
—Espera un poco, amigo. Creo haberte dado antes un buen consejo al recomendarte que no te fiases ni aun de tus cocinas.
Después, volviéndose hacia el primer cocinero, le preguntó:
—¿Quién es ese muchacho?
—Es un pinche, sahib.
—¿Cuánto tiempo hace que está a tu servicio?
—Sólo tres dÃas.
—¿Y los otros?
—¡Oh, muchos años! Puede decirse que han crecido en las cocinas del bungalow.
—Está bien. Kammamuri, cierra la puerta y retira al moloso más grande.