El falso brahman
El falso brahman —¡Ahora vas a hablar, bribón! —dijo—. Tú has entrado aquà hace sólo tres dÃas. ¿Quién te ha enviado?
El muchacho se estremeció y su lengua pareció quedar paralizada; agitaba los ojos llenos de espanto, y se retorcÃa las manos.

Kammamuri le hizo beber una copa de ginebra, que pareció galvanizarle.
—Yo hablaré —dijo con voz trémula— para que no me hagáis daño. Yo no sabÃa que el frasquito que me entregaron contuviese veneno.
Todos le habÃan rodeado mirándole con vivÃsimo enojo. Especialmente los cocineros y los otros criados parecÃan terriblemente exasperados.
Si se les hubiese entregado aquel mozo, lo habrÃan sin duda arrojado dentro de los grandes hornillos de la cocina, como si fuese una simple chuleta.
—Tú has hablado de un frasco —dijo Yáñez, haciendo a todos señal de que no hablasen.
—SÃ, sahib —respondió el pinche castañeteando los dientes.
—¿Y dices que no sabÃas lo que contenÃa?
—No, señor; porque yo hubiera probado en seguida el pudding. Os lo juro por Sivah.
—¿Quién te lo dio?