El falso brahman
El falso brahman —Un faquir que encontré hace cuatro dÃas, que me sugirió la idea de presentarme a vuestros cocineros para trabajar con ellos.
—¿Y para qué te dio ese frasco? —continuó Yáñez, en medio del silencio de todos.
—Porque decÃa que harÃa los manjares destinados al marajá y a la rhani mucho más sabrosos.
—¿Y qué te aconsejó?
—Que echase cinco gotas dentro de algún dulce, pero sin que me viesen los cocineros, para que no robasen el secreto de hacer las viandas mucho más delicadas.
—¡En efecto!… —dijo Yáñez, con ironÃa—. Tan delicadas, que el que las come, sea hombre o animal, revienta.
—¿Tienes aún el frasco?
—SÃ, sahib —balbuceó el muchacho.
Buscó entre la faja blanca que le ceñÃa la cintura y entregó al portugués un pequeñÃsimo frasquito de cristal blanco que contenÃa un lÃquido rojizo de aspecto repugnante.
—Es inútil que lo destapes —dijo Tremal-Naik a Yáñez—. Ahà dentro hay baba del bis cobra.
—¿Lo crees as�
—Verás.