El falso brahman
El falso brahman En un ángulo de la salita dormitaba un magnÃfico pavo real, ave que se halla también en todas las casas de los indostaneses, donde se les trata con todo cuidado porque representan a la diosa Sarasvati, que protege los nacimientos y matrimonios.
Tremal-Naik quitó al ama del niño un sutilÃsimo alfiler, destapó la botellita y humedeció en el lÃquido la punta, y acercándose al pavo le pinchó ligeramente en el cuello.
—Ahora veremos los efectos —dijo—. Nuestros enemigos saben que el veneno del bis cobra, lo mismo que el del cobra y el de la serpiente diminuta, no tienen antÃdotos posibles, y procuran envenenarnos a todos. ¡Valientes canallas!
El pavo se habÃa despertado bruscamente y estiraba su abundante cola para recogerla después como un gigantesco abanico resplandeciente de oro y tornasoles.
Miró con aire estúpido a las personas que le rodeaban, lanzó dos veces su estridente y desagradable graznido, y al punto comenzó el gran abanico a oscilar como si le sacudiese una fuerte corriente de aire, mientras las alas se alargaban hacia el suelo con un fuerte temblor.
—¿Lo ves, Yáñez? —dijo Tremal-Naik—. Este pobre pájaro está agonizando.
—Ya lo veo —respondió el marajá con voz profunda—. La baba del bis cobra no perdona.