El falso brahman
El falso brahman Anochecía rápidamente bajo el boscaje, y hasta allá arriba, en la inmensa cúpula de hojas, la luz iba extinguiéndose.
Los vampiros, tan numerosos en la India y especialmente en el Estado de Assam, salían a bandadas de los huecos troncos que les servían de asilo durante el día, y volaban alrededor del carro, desplegando sus grandes alas, que medían más de un metro.
Al bosque de taras y platanares sucedió bien pronto otro bosque magnífico, por donde el elefante parecía avanzar sin grandes esfuerzos. Estaba formado todo de palash[17], plantas que no crecen, superpuestas las unas a las otras, aunque sus tallos nudosos, coronados por una especie de pabellón de aterciopeladas hojas, estén siempre unidos entre sí por madejas de bejucos, que pueden fácilmente desbaratar un golpe de trompa.
Sahur se lanzó en una carrera desenfrenada, amenazando destrozar el carro, de manera que el cornac se vio obligado a moderar su ímpetu para que no sucediese alguna desgracia al príncipe y a sus cazadores, que saltaban botando sobre sus blandos colchones.