El falso brahman
El falso brahman Dejada también atrás la selva de palash, apareció una vasta llanura, donde se erguÃan gigantescos kalam[18], de más de quince pies de altura, y en medio de la cual volaban bandadas de magnÃficos pavones, aves que todos respetaban por representar para los indostanos a la diosa Sarasvati, que preside los nacimientos y matrimonios.
Al final de aquella llanura, cubierta casi toda de maleza, y con poquÃsimas huertas y plantaciones de senapa[19], apareció, a la luz del crepúsculo, Gahuati, capital del Estado de Assam, que encerraba dentro de sus viejas murallas más de trescientas mil almas.
—¡Gracias a Dios! —exclamó Yáñez, respirando con fuerza—. Ahora, cornac, puedes aguijonear al elefante, que, aunque pase por terrenos cultivados, ya pagaré los daños a los pobres agricultores.
—Puede romperse el carro, alteza —respondió el conductor.
—No te preocupes por eso. Caeremos en los colchones.
Carro y elefante partieron con un fragor infernal, abriendo un inmenso surco entre las altÃsimas hierbas; y al cabo de media hora, y sin haber causado grandes daños en ningún terreno cultivado, penetraron en la capital por una de sus veinte puertas.