El falso brahman
El falso brahman Un momento después, entraba en el saloncillo el famoso cazador de la Selva Negra y exterminador de los thugs del Sunderbund.
Era un bizarrÃsimo tipo de indio de Bengala, que contaba ya más de cuarenta y cinco años, de cuerpo esbelto y flexible, sin ser flaco, de piernas finas y enérgicas y con la piel levemente bronceada, como los hindúes de las altas castas, no contaminadas por la impureza de los parias.
VestÃa como los indÃgenas modernizados de la Nueva India inglesa, los cuales han abandonado el dootèe[25] y la dugbah[26] por el traje angloindio, mucho más cómodo: de tela blanca, con alamares de seda rosa, faja recamada y muy ancha, sosteniendo dos largas pistolas, calzones ajustados de tela blanca, y en la cabeza un pequeño turbante adornado de varias maneras.
—¿De dónde vienes? —preguntó Yáñez, tendiéndole la mano, mientras hacÃa lo mismo Surama—. Creà que también a ti te habÃan envenenado.
Por la frente del indostano pasó como una nube y un destello lució en sus ojos negrÃsimos.
—Como veis, amigos mÃos, aún estoy vivo y en perfecta salud —respondió el cazador—. Me he guardado muy bien de detenerme en ningún mesón para apurar una botella de cerveza inglesa. ¡Por Sivah! La cosa es grave.
