El falso brahman
El falso brahman —¿Y me lo dices a mÃ? —respondió Yáñez—. Digamos mejor, gravÃsima. ¿Dónde has estado?
—Dando caza, en compañÃa de Timul, al envenenador de tu primer ministro. Ese Timul sabe hallar un rastro entre mil, de un modo perfectamente asombroso.
—¿Y lo has descubierto? —preguntaron a un tiempo la princesa y el portugués.
—Os digo que aquÃ, en vuestra capital, que parece tan tranquila, se conspira para arrebataros probablemente la corona.
—¿Pero dónde están los conspiradores? —gritó Yáñez. DÃmelo y los haré prender inmediatamente.
—Será una empresa algo difÃcil —respondió el indostano, tomando asiento en una butaca—. ¿Conoces tú el subsuelo de tu capital? ApostarÃa mil rupias contra una a que no lo conoces.
—Yo sé que el terreno que sostiene nuestros palacios, pagodas y monumentos está compuesto de buena tierra mezclada con sillares de piedra.
—¿Y no has oÃdo nunca hablar de inmensas cloacas que se cruzan y extienden bajo esta ciudad?
—SÃ; pero me he guardado bien de meterme en esos intestinos llenos de peligrosos microbios. ¡Oh, los cuidados del Gobierno!… ¡No me dejan jamás un momento de tregua!