El falso brahman
El falso brahman —Mucho; pues allá abajo, entre todos aquellos canales que se cruzan y cortan unos a otros, que suben y bajan, descargando sus aguas fangosas en la gran cloaca, se desorienta uno en seguida —respondió el baniano—. ¡Cuántos desgraciados sin albergue he encontrado allà abajo muertos de hambre y esqueletizados por las ratas! ¡Buen número de esqueletos he visto!
—¿Tan gigantesca es, pues, la alcantarilla? —preguntó la rhani.
—Inmensa, señora; es un trabajo que merece ser visitado. ¡Cuántos estanques, cuántos canales de desagüe, cuántos saltos de agua ocasionados por las lluvias repentinas!
—¿Hasta dónde se extiende? —preguntó Yáñez, haciendo una seña a Kammamuri para que llevase al desgraciado cazador de ratas una enorme tajada de lengua y varios panecillos.
—No la he medido nunca, alteza; pero puedo deciros que abarca muchÃsimas millas inglesas, y que se prolonga mucho más allá del recinto de la ciudad.
Yáñez le dejó comer cuatro enormes bocados, rociados en seguida por un vaso de cerveza; luego le preguntó:
—¿Serás, pues, capaz de guiarnos a través de la ciudad subterránea?