El falso brahman
El falso brahman No vestÃa, en verdad, el traje de los prÃncipes indostánicos, cubierto de bordados de oro. Llevaba un simple vestido de franela blanca, bastante holgado, para que no le impidiese ningún movimiento, y ceñido solamente a la cintura por una ancha faja de seda azul, sobre la cual se veÃa resplandecer una de gran tamaño. Dentro de aquella especie de cinturón habÃa dos grandes pistolones indostánicos de largo cañón, armas que equivalÃan a los modernos revólveres.
El segundo personaje, que se obstinaba en llamar señor Yáñez al anterior, era un purÃsimo tipo de indostanés que frisarÃa también en los cincuenta años, pero con los cabellos y la barba negrÃsimos.
Cualquier indostano que le hubiese visto, no habrÃa dudado un solo momento en exclamar:
—¡He aquà un soberbio maharato[7]!
Los otros seis hombres que estaban detrás del marajá[8] no eran más que sikaris[9], esto es, cazadores, asaz valientes, asà en los junglares o bosques, infestados de tigres, enormes serpientes pitón y cocodrilos, como contra los monstruos de la floresta: búfalos, elefantes y rinocerontes.
