El falso brahman
El falso brahman —Que aquà detrás de nosotros se encuentra mi albergue, donde hallaremos escalas para atravesar el rÃo —respondió el cazador—. Ahora esos bandidos se han refugiado en la orilla opuesta, retirando la escala.
—¿Se habrán escapado o estarán espiándonos? Merced a nuestras lámparas, ofrecemos nosotros magnÃficos blancos, mientras que ellos están protegidos por la oscuridad. ¡Lástima que no poseamos los ojos de los gatos o de los tigres!
—¿Tú ves algo, baniano?
—La luz de las linternas me ha quitado la vista. Me bastarÃa un cuarto de hora de oscuridad para recobrarla de nuevo.
—¿Disparo? Hemos sido ya descubiertos, y es inútil tomar precauciones. La sorpresa ha fracasado.
—Por culpa de las linternas, alteza.
—¡Bien lo sé, por Júpiter! Pero nosotros no somos cazadores de ratas y sin un poco de luz no habrÃamos acertado a dar un paso aquà dentro.
—Y a estas horas estarÃamos probablemente dentro de este fragante rÃo, pescando, quizá, sabe Dios qué peces o crustáceos —dijo Tremal-Naik.
—¡Puf! —exclamó el portugués.
Después, levantando su enorme carabina, dijo: