El falso brahman
El falso brahman —Voy a disparar y a barrer con un turbión de metralla la orilla opuesta. Asà verán esos misteriosos sujetos que poseemos armas formidables. Poneos todos en posición de hacer fuego, y si esos canallas tiran, responded en seguida sin un momento de vacilación si queréis cogerlos. Apuntad hacia el extremo de la escala que se apoya en la orilla y oprimid el gatillo.
Más que un disparo de carabina, pareció aquel un verdadero cañonazo. La detonación, centuplicada por los ecos de todas las cloacas, se extendÃa retumbando continuamente.
Cuando parecÃa haberse apagado, algún eco lejano respondÃa todavÃa, aunque muy débilmente.
—Esto ha sido un verdadero cañonazo —dijo Tremal-Naik—. Si vuelves a hacer ladrar a esa enorme bestia, se nos van a caer encima las bóvedas de la cloaca, que deben ser algo viejas.
—Callad, señores —dijo el baniano.
Ningún grito habÃa resonado en la orilla opuesta, señal evidente de que los bandidos se habÃan puesto por el momento a salvo, por lo menos, arrojándose simplemente a tierra.
Pero apenas hubo cesado todo aquel estruendo, el oÃdo agudÃsimo del cazador de ratas percibió una serie de silbidos estridentes, que sin duda debÃan ser señales.