El falso brahman
El falso brahman Mil extraños rumores henchÃan la gigantesca alcantarilla. Allá, a lo lejos, por otros canales, debÃan verterse con grande furia en el soñoliento rÃo de inmundicias las aguas que bajaban de la ciudad. Era una extraña música que repercutÃa bruscamente en la inmensa concavidad del canal, cuyas bóvedas debÃan ser extremadamente sonoras. Aquellas aguas tan pronto parecÃan rugir como reÃr a carcajadas, o aullar como una manada de hambrientos lobos.
Sin embargo, el rÃo no se agitaba. Se deslizaba siempre, poco a poco, con un ruido monótono, empujando fatigosamente hacia delante todas las inmundicias de la ciudad, y exhalando sin cesar miasmas pestilentes y casi sofocantes.
—Buenas fiebres vamos a coger, si nos detenemos mucho aquà abajo —dijo Yáñez—. Esta expedición es quizá más peligrosa que la que emprendimos contra los thugs del Raimangal. Allà al menos las aguas eran limpias y procedÃan del mar. ¿Te acuerdas, Tremal-Naik?
—Como si fuese ayer —respondió el indostanés.
—Pero aquà espero que no nos aneguemos.
—Eso pregúntaselo al cazador de ratas.
—¡Eh, buen hombre! —dijo Tremal-Naik—. ¿Hay inundaciones en estas cloacas?