El falso brahman
El falso brahman —Nunca, señor —respondió el baniano—. Antes al contrario, el nivel de las aguas es tan bajo en esta estación, que ni siquiera cubren los canales pequeños ni los recintos circulares, que siempre están secos.
En aquel momento volvÃa el baniano llevando, con ayuda de Kammamuri, una larga escala de bambú muy fuerte y ligerÃsima.
—¿Teméis alguna inundación repentina? —preguntó—. No ha estallado ninguna tormenta. De ser asÃ, los truenos retumbarÃan aquà como cañonazos. La noche está serena, y por ahora no debemos temer ningún aguacero inesperado.
Ayudado siempre por el maharato, tomó la escala, que medÃa unos doce metros, y la colocó sobre la fangosa corriente, apoyándose en ambas márgenes.
Los primeros que pasaron, saltando y gruñendo, fueron los perros del Tibet.
No tardaron en seguirlos los diez hombres, segurÃsimos de la solidez de la escala, y en menos de medio minuto se hallaron todos reunidos en la otra orilla del canal.
—Despacio —dijo Yáñez—. Ahora es cuando empiezan las sorpresas. Cierto que tenemos unos perros capaces de hacer trizas a un hombre como si fuese un lechoncillo, pero, con todo eso, estemos en guardia.
