El falso brahman
El falso brahman —Nunca está de más la prudencia —confirmó el baniano—. Aquà se puede matar a traición a una persona y hacerla caer en esas aguas pútridas.
—¿Conoces los últimos refugios?
—SÃ, alteza.
—Vamos, pues, a descubrir a esos bandidos. Al que yo quiero encontrar es a ese brahman, fingido o verdadero.
—Lo encontraremos, señor. Los refugios no tienen salida alguna. O esos misteriosos sujetos nos presentarán batalla o se rendirán ante vuestras carabinas cargadas de plomo.
—Si sólo tienen pistolas, aunque sean de cañón largo, bien poco podrán hacer contra nosotros —respondió Yáñez—. ¡Pobrecillos!
—Guardémonos de las sorpresas, Yáñez —dijo Tremal-Naik.
—Ya te he dicho que con los perros no son posibles; y, además, aquà no estamos en los canales misteriosos de Raimangal. Allà bastaba agujerear una bóveda para que se precipitase un rÃo en las galerÃas. Estábamos a veinte metros debajo del mar, y las mareas, que subÃan con gran furia del Océano Indico, las hacÃan peligrosÃsimas.
—Seamos prudentes —respondió Tremal-Naik—. Por eso no pareceremos cobardes. Mostrémonos siempre, sobre todo tú, un poco tigres de Mompracem.