El falso brahman
El falso brahman Nadie se habÃa presentado a disputarles el paso. Los misteriosos individuos, juzgándose acaso perseguidos, debÃan de haberse refugiado en las últimas cuevas, que sólo el cazador de ratas podÃa descubrir.
—No son muy valientes estos sujetos —dijo el portugués, llevando siempre empuñada su descomunal carabina—. ¡Cuerpo de Júpiter! A ver si logramos prender a ese brahman; suponiendo que sea brahman, sobre lo cual tengo siempre mis dudas.
—Os aseguro, alteza, que le prenderemos —respondió el cazador de ratas—. Nadie más que nosotros podrÃa penetrar en su escondite. Conozco todos los parajes de las cloacas, tanto los secos como los húmedos, donde nadie podrÃa, en estos últimos tiempos, habitar más de una noche. Y menos mal que yo he destruido millares y millares de ratas dispuestas siempre a devorar la nariz o las orejas de los que aquà durmiesen.
Un túnel estrechÃsimo habÃase presentado ante el grupo de los expedicionarios, precedidos siempre por los perros.
—¿Adónde vamos a parar, baniano? —preguntó Yáñez.
—Vamos a sorprender en sus últimos escondites a los misteriosos incógnitos —respondió el cazador de ratas, con su voz tranquila de costumbre.
—¿No nos escarmentarán?