El falso brahman
El falso brahman —No hay otro camino que este para llegar a esos escondites —afirmó el baniano—. Os aseguro que por aquà han pasado los fugitivos.
Antes de emprender nuevamente la marcha, pusiéronse a escuchar; pero no oyeron más que un lejano bullir de agua, que corrÃa quizá por alguno de aquellos fétidos canales.
—Calma completa —dijo Yáñez—. Cuando el enemigo duerme, se le busca para sorprenderle.
—¡Hum! —exclamó Tremal-Naik—. Me parece que debe de tener bien abiertos los ojos para interrogar, con más o menos angustia, a las tinieblas.
—También lo creo yo asÃ. ¡Adelante!
Kammamuri recogió con la mano izquierda las cadenas de los dos molosos, y empuñó con la diestra una larga pistola de dos cañones, dejando a los demás al cuidado de alumbrar bien el camino.
Hombre avezado a todo linaje de aventuras y a las más fuertes emociones, aguerrido en la lucha de exterminio contra los thugs o estranguladores de la Selva Negra, no era capaz de quedarse detrás tan fácilmente.