El falso brahman
El falso brahman No habÃan recorrido cincuenta o sesenta metros, cuando vieron venir hacia ellos a los dos molosos.
Proyectaron sobre estos la luz de las linternas, y con gran estupor de todos vieron que aquellos perros, tan poderosos y tan feroces, aparecÃan presa de un verdadero espanto.
Al mismo tiempo, un olor ingratÃsimo hirió el olfato de los diez hombres, obligándoles a alejarse un poco de los bravos animales, que se habÃan acurrucado en el suelo con el pelo erizado y agitando rabiosamente la cola.
—¡Eh, baniano! —dijo Yáñez—. Parece que han perfumado a nuestros perros, y con un perfume que no me atreverÃa a llevar a la princesa.
—¡Ah, bribones! —exclamó el cazador de ratas—. Han arrojado sobre estas bestias unos cuantos cubos de almizcle. Bien sabéis, alteza, que todos los perros sienten grandÃsimo terror hacia las serpientes boas y cocodrilos.
“—¡Vaya si lo sé, por Júpiter! —exclamó Yáñez, que comenzaba a perder su flema acostumbrada—. Ahora comprendo por qué han huido nuestros perros. Creyeron hallarse frente a esos gigantescos reptiles, que tan terribles son para devorar a los fieles amigos del hombre, cuando sólo tenÃan delante una turba de canallas.
