El falso brahman
El falso brahman —Los canallas no son mancos, amigo —dijo Tremal-Naik—. Han sido más astutos que nosotros.
—¿Pero cómo poseen almizcle esos vagabundos? ¿Adónde van a buscarlo?
—¿Sabes tú qué oficio tendrá esa gente? ¿Y si se dedican a la caza del cocodrilo? Todo es posible.
—¿Y tú qué dices, baniano?
—Que los perros no entrarán, ciertamente, en los últimos refugios por miedo a ser presa de los reptiles, pero que dentro de poco entraremos nosotros.
—¿Has notado aquà alguna vez olor a almizcle?
—No, alteza.
—¿Serán estos hombres cazadores de cocodrilos?
—Es posible, señor. Algún oficio tendrán para ganarse por lo menos la vida, pues en estas cloacas no nacen los plátanos.
—¿Insistes en asegurarme que no podrán escapar?
—Os lo aseguro, alteza. Ahora andarán por las rotondas construidas bajo la inmensa bóveda del canal para dar mejor salida al agua durante los grandes huracanes. Están encerrados allÃ, como en otras tantas trampas de paredes y bóvedas de piedra. No podrán abrirse salida alguna, ni aun con una bomba.