El falso brahman
El falso brahman Siguió un breve silencio. Después, una voz muy próxima respondió:
—Nosotros no somos más que unos pobres parias, que no tienen techo, ni patria, ni sustento.
—Entregad las armas y os daré de comer hasta que reventéis. Y daos prisa, porque se ha acabado mi paciencia y mis soldados están dispuestos a acuchillaros en vuestra guarida.
—Y una vez entregadas las armas, ¿no nos mataréis? —preguntó el paria.
—Te doy mi palabra de prÃncipe de que no se os hará el menor daño, exceptuando a uno que debe de hallarse en vuestra compañÃa.
—Decidme cómo se llama ese hombre.
Yáñez soltó una maldición.
—¡Miserable! —exclamó—. Estás perdido, tienes ante ti cincuenta carabinas y una docena de molosos, y todavÃa osas tratar conmigo de igual a igual. El nombre de ese sujeto lo sabrás cuando yo haya puesto las manos sobre él.
—Esperad que pregunte a mis compañeros, prÃncipe.
—Sólo te concedo cinco minutos. Después os atacaremos y hablará la metralla. Es inútil que tratéis de huir. Conocemos perfectamente todos los canales y escondrijos de las cloacas, y no adelantaréis nada.