El hombre de fuego
El hombre de fuego —Se han encaminado hacia el Norte —dijo el marinero—, y nosotros nos dirigiremos al Oeste. Las aldeas de los tupinambás están hacia el Sur; pero no nos conviene tomar esa dirección: encontrarÃamos en nuestro camino el grueso de los eimuros o su retaguardia. ¡Vamos, señor Viana, y movamos bien las piernas, como decimos los marineros!
Pocos instantes después los dos náufragos y el castellano desaparecÃan en la inmensa selva.