El hombre de fuego
El hombre de fuego —¡Cómo! —exclamó Alvaro—. ¿Hay en esta tierra árboles que producen platos y ollas? ¡SerÃa curioso!
—No, pero los hay que dan la materia para fabricarlos y que resisten al fuego más vivo.
—¡Maravilloso paÃs!
En tales pláticas iban adelantando camino, pasando bajo árboles magnÃficos de hojas inmensas que no dejaban pasar los rayos del sol. Plátanos soberbios se sucedÃan sin cesar, alternados con grupos de palmas, pertenecientes en su mayor parte a la especie de las llamadas palmitos, altÃsimas y gallardas, que son peligrosas cuando se las derriba, por la curiosa circunstancia de hacer saltar al caer al suelo ciertas piedras que rebotan con gran violencia, siendo causa de frecuentes desgracias.
Otras veces encontraban grupos de árboles que producen frutos semejantes a balas de cañón, y que son bastante peligrosas cuando, ya maduras, caen al suelo, o verzinos, que dan el famoso palo del Brasil.