El hombre de fuego
El hombre de fuego SAPO HINCHADO
NO hay que sorprenderse de que Alvaro no supiese lo que era el tabaco, pues en aquella época no era conocido por los europeos ni por los asiáticos.
A Cristóbal Colón le chocó tanto ver a los indios de las tierras que él había descubierto echar humo por la boca que creyó al principio que aquellos hombres comían fuego.
Aunque sus marineros y los otros navegantes españoles que prosiguieron sus descubrimientos viesen muchas veces fumar a los indios, y también fumasen ellos mismos, el tabaco siguió sin ser conocido en Europa hasta 1580, en que lo popularizó Jean Nicot, embajador que había sido de Francia en Lisboa, llevándolo a la corte de Francia, donde se le concedió gran estimación, tanto para aspirarlo por las narices como para fumarlo.
La reina de Francia, Catalina de Médicis, fue la que primero contribuyó a dar celebridad a esa hoja aromática, que pronto había de extenderse por todo el mundo.
Sir Walter Raleigh, el explorador del Orinoco, ya la había dado a conocer en Inglaterra.
Al ver a los indios aspirar el humo de esas hojas, trató de imitarlos, y no tardó en adquirir la misma costumbre.
