El hombre de fuego
El hombre de fuego DIEZ días después, Caramura era nombrado gran cacique de los tupinambás y fundaba una nueva aldea en la extremidad de la bahía de Recóncavo, en el lugar mismo en que se asienta ahora la ciudad de Bahía.
Durante muchos años vivió entre los salvajes, que llegaron a tenerle en grandísima estimación, pues los defendió contra los ataques de todas las tribus indias, haciéndose temible en toda la región meridional del Brasil.
Casado con las hijas de varios caciques célebres, tenía ya muchos descendientes, y estaba resignado a acabar sus días en las selvas brasileñas, cuando una nave normanda fondeó en la bahía de Recóncavo.
El deseo de volver a visitar su país y ver a hombres de su raza le obligó a aceptar la oferta que le hizo el capitán del barco de transportarle a Europa.
Después de prometer solemnemente a su tribu regresar algún día, se embarcó, llevando consigo a Paraguazu, la favorita de sus mujeres, no atreviéndose a presentarse entre los suyos con una familia tan numerosa.
Se cuenta que al verle alejarse del Brasil sus otras mujeres se arrojaron al agua suplicándole que las llevase consigo, y que varias de ellas prefirieron ahogarse a abandonar al hombre de fuego, a quien miraban como a un semidiós.
