El León de Damasco
El León de Damasco POR ENTRE LAS RUINAS DE CANDÍA
De noche ya cerrada, cuando los turcos bombardeaban con mayor intensidad, arrojando sin cesar proyectiles de piedra con su bombardas de grueso calibre, tres hombres, montando soberbios caballos, atravesaban el puente levadizo del bastión de Cavarzere, que había sido hecho bajar sigilosamente para no llamar la atención de las patrullas turcas de vigilancia.
Los tres, cubiertos de acero y armados de espada, maza y arcabuz, el cual colgaba de la silla; en lugar de la común capa blanca, para protegerse de la humedad nocturna iban cubiertos con capas negras, que no podían advertirse en medio de la noche y les permitirían confundirse con la oscuridad.
Aquellos audaces, que al abandonar la plaza asediada exponían la vida, ya que podían encontrarse a las patrullas de caballería turca que merodeaban vigilando por las cercanías, ya se habrá dado cuenta el lector de que eran el León de Damasco, Nikola, el renegado griego, mejor dicho el falso renegado, y el fiel Mico, el albano. Valientes y decididos, valían por treinta, y estaban dispuestos a abrirse camino por entre un escuadrón completo de musulmanes.
