El León de Damasco
El León de Damasco —Antes de que avistemos a Hussif estará preparada. Irán con vos cuatro de mis oficiales, que se pondrán ropas de turco y que hablan a la perfección vuestro idioma; sobre ellos os doy absoluto mando. Cuando sea el momento oportuno intervendremos nosotros. Vos y vuestros camaradas no tenéis más que bajar cualquier puente levadizo luego de liquidar a los centinelas.
—Eso será sencillo —dijo Nikola—. Sé dónde están los fosos y los puentes.
—¿Estáis de acuerdo con el plan? —inquirió Veniero.
—Por completo —repuso Muley-el-Kadel.
—En tal caso voy a dar instrucciones para que nos alejemos más cada vez de las costas de Candía, a pesar de que ya nada hayamos de temer de las naves de Alí-Bajá surtas en la bahía, y emprenderemos la marcha a máxima velocidad en dirección a ese maldito castillo de Hussif.
—Bien, muchas gracias, señor Veniero —contestó el León de Damasco, complacido, pues ya consideraba muy cercana la salvación de su padre.