El León de Damasco
El León de Damasco Y el tercero de los Mohamed se mostró en este aspecto extremado; su fama ha de atribuirse tanto a su crueldad como a sus conquistas. Al subir al trono tenía diecinueve hermanos, y por temor a que alguno de ellos pudiera luego provocarle impedimentos o sublevaciones, los mandó descuartizar a todos por los eunucos del serrallo.
Anheloso de gloria se atrevió a enfrentarse con Austria, en aquel tiempo la mayor potencia de Europa, y en una tremenda y obstinada batalla venció al archiduque Maximiliano, exterminándole cincuenta mil hombres. A los prisioneros no se les concedió cuartel. El turco suponía que el cristiano no era digno de vivir en este mundo. Alentado por esta victoria, lanzó sus ejércitos contra el Danubio y a diversas regiones de Asia, y mandó sus galeras a saquear las costas italianas, realizando por todas partes terribles devastaciones.
Como si el asesinato de sus diecinueve hermanos no fuese suficiente, hizo descuartizar a su hijo primogénito, Mahumud, príncipe de espíritu ardiente y esforzado, quien en cierta ocasión solicitó de su padre ser mandado a la guerra en lugar de tenerle encerrado en el serrallo con las quinientas bellas que componían el harén. Mohamed III tuvo sospechas; supuso que deseaba marchar a la guerra para ejercitarse, formar un partido y después destronarle. Ordenó que le mataran sin encomendarse al Profeta.
La crueldad otomana crecía cada vez más.