El tesoro del Presidente del Paraguay
El tesoro del Presidente del Paraguay El agente del gobierno, que durante el trayecto no habÃa hablado una palabra, abrió la portezuela y saltó ágilmente al suelo diciendo a los dos marineros:
—Hemos llegado.
Dos hombres estaban parados delante de la casa, envueltos en sus ponchos, que les ocultaban casi completamente los rostros. Al ver al agente del gobierno, le saludaron con un «Buenas noches, caballero» y se echaron a un lado para dejarle paso.
—¿Es éste el Consulado? —preguntó el maestro.
—SÃ; démonos prisa —respondió el señor Calderón.
—¿Qué hacen aquà estos hombres?
—Están aquà para mayor seguridad.
—¡Hum! —murmuró el marinero, moviendo la cabeza—. ¿Quién puede saber que nosotros hemos llegado? ¿Acaso los brasileños o los argentinos?
Siguió al agente del gobierno, que subÃa con gran premura la escalera y Cardoso quedó atrás.
Llegados al descansillo, encontraron otro hombre, éste armado, el cual los guió a un gabinete alumbrado por una sola bujÃa, cuya luz les impedÃa observar al primer golpe de vista todo lo que contenÃa, y particularmente las ventanas, que estaban tapadas con grandes cortinas.