En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas HabÃanla encontrado y estaban ya para pasar bajo los árboles cuando Durga, por segunda vez, detuvo al francés, empujándole vivamente hacia un matorral de hierbas altÃsimas.
—¿Qué ocurre? ¿Un nuevo peligro?
—Los elefantes vuelven en busca de su compañero.
—No los veo.
—Están ocultos en medio de aquellos plátanos.
—No dejaré escapar la ocasión de derribar a alguno. No quiero ser menos que los cingaleses.
—Pero no vais a saber qué hacer de semejante animal.
—Soy cazador. ¿Quieres esperarme aqu�
—No os arriesguéis, señor.
—No tengas miedo. Permanece aquÃ, o mejor, da la vuelta al claro para cortarles el camino a los paquidermos. Será cuestión de pocos minutos y llegaremos a Yafnapatam antes de que se ponga el sol.
—Como queráis.
Juan Baret, deseoso de hacer ver a su compañero que no era menos valeroso que los cingaleses, examinó la carabina y luego se lanzó en medio de las hierbas, haciendo señal a Durga de dar la vuelta al claro para coger a los paquidermos por la espalda.