En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Casi todos efectuaban esta maniobra al huir, pero algunos había que desconcertados, sea por los feroces aullidos de sus enemigos, sea por los redoblados golpes de las picas, y finalmente por la agitación del agua turbia y fangosa, daban un cambio de frente tomando mala dirección, y se precipitaban sobre los cingaleses cuyas líneas debían atravesar bajo una continua tempestad de golpes.
Estos incidentes constituían la parte más interesante del espectáculo.
Los soldados y batidores se disponían de pronto en círculo y en dos filas alrededor del reptil tan temerario que quisiera forzar la barrera.
A fuerza de golpes de pica, el pobre cocodrilo acababa por hundirse en el fango y entonces los cazadores lo remataban, de un modo tan feroz que hacía estremecer hasta al mismo Juan Baret.
Los cingaleses continuaban redoblando su vigor, esfuerzos y aullidos a medida que las filas se acercaban al centro del pantano, y la batahola se hizo espantosa cuando estuvieron a cincuenta pasos unos de otros.
En aquel instante todo el centro del pantano estaba ocupado por más de un centenar de saurios que se agitaban presa de las más extrañas contorsiones, ora nadando bajo el agua, ora mostrando sus espantosas mandíbulas erizadas de dientes agudísimos, y tal vez, en su desesperación, se lanzaban locamente contra los cingaleses.